Secretos de Alcoba 58
- 16/02/2010 - 19:40
- Historia del ajedrez, Resto del mundo
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“Undécima partida” del Mundial de 1966 entre Tigran Petrosian y Boris Spassky.
El aspirante llegó cinco minutos antes de la puesta en marcha del reloj de juego. Se sentó ante el tablero y mantuvo su cabeza entre sus manos en profunda señal de concentración, ¡estilo Botvinnik!.
El campeón del mundo, tras el 2-0 obtenido en la décima partida, optó oportunamente por no darle la chance al rival de entrar una vez más en el Ataque Panov de la Defensa Caro-Kann y empleó la Defensa Francesa, con una línea fiel expresiva de su estilo, la sólida Variante Rubinstein.
De nuevo Petrosian se sintió cómodo tras la misma. Spassky hizo todo lo posible por complicar y casi salió “trasquilado” definitivamente del match… .
Cuando Boris se dio cuenta de que se le había escapado su compensación tras una entrega de peón “a priori” perfectamente justificada (pero hoy sabemos que sólo daba la igualdad) ofreció el empate que Tigran, con criterio, rehusó.
Lo que sucedió después es lo que me ha llevado día y medio pensando en este asunto.
Hasta Mikhail Tal, el único que fue concluyente en sus análisis, daba clara ventaja a las negras en la posición final de la partida, donde Petrosian dubitativo tras haber rechazado unas pocas jugadas antes el empate ofrecido por el aspirante, volvió ahora a ofrecerlo él directamente (algo injustificable) que Spassky aceptó de inmediato.
De nuevo debemos estar ante un factor psicológico del juego. Petrosian sabía que Spassky tenía tablas fáciles mucho antes de las complicaciones finales que lo llevaron a una posición desventajosa. ¡No quiso entonces torturarlo!.
Cuesta creerlo. Era un campeonato del mundo. Un 3-0 hubiera definitivamente acabado con Spassky a las puertas del ecuador del match.
Me imagino la cara de incredulidad de Bobby Fischer analizando en América aquel final. Los rusos estaban amañando nuevamente sus partidas, seguro que pensó… .
¿Recibió Tigran Petrosian un aviso de las autoridades deportivas soviéticas para que no doblegara fácilmente a su rival?.
Lo cierto es que por dos veces, Rybka 3 32-bit nos ha dado una lección de cómo se gana este tipo de finales. Una cosa sí tienen los módulos. Si el final es estable (de mínima ventaja duradera “in crescendo”) sí que lo juegan bien.
Si vale para algo, Alberic O’Kelly de Galway en su bonito libro del match, pensó que Petrosian había cedido el empate tras comprobar que en lugar de enrocarse hubiera tenido una clara posibilidad de conseguir neta ventaja llevando su rey a “e7”. Pero Rybka brillantemente desmonta esta posibilidad práctica, dando igualdad tras golpe táctico.
Una vez repasado el final con calma, me doy cuenta lo fácil que hubiera sido para cualquier gran maestro continuarlo para intentar imponerse “sin prisa pero sin pausa”.
Esta es mi conclusión final. Llegó el momento de que Vdes. queridos lectores, opinen.
Creo que las opiniones cuando son “con educación” siempre son bienvenidas. Juzgar no. Eso es privilegio de los jueces o de los genios, como lo fue Fischer… .
Descargar “increíble” empate en la undécima partida
Un saludo!,
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